Desconecta el modo clon

Tú no quieres hacer marketing.
Quieres cobrar mejor
sin justificar cada presupuesto y sin regalar tu tiempo

Porque el problema no es captar más, es qué aceptas y en qué condiciones

El boca a boca funciona. Lo que no funciona es tener que decir que sí a todo lo que llega.

Hasta que no tengas claro qué tipo de cliente quieres (y cuál no), seguirán entrando los que comparan precio,
te hacen perder el tiempo y te obligan a justificarte por cobrar lo que cobras.

El problema no es que falten clientes, es que no puedes elegirlos

Decir que sí a todo te sale caro

Tu reputación no escala

Tu asesoría tiene buena reputación. Pero siempre entre los mismos. Los del barrio.

Los clientes llegan recomendados, sí. Pero no porque valoren cómo trabajas, sino porque “llevas a mi cuñado”.

Mucho trabajo, poco control

Consultas que parecen pequeñas y nunca lo son. “Es un momento”, “solo una duda”, “esto es rápido”.
Y se te va la mañana.

Los clientes que pagan poco, pero deciden mucho, condicionan cómo trabajas con todos los demás.

Estás en internet, por estar

Desde fuera, tu despacho no da razones para elegirte.

Explicas lo que haces, pero no por qué hacerlo contigo.

El resultado: te comparan por precio y te piden que lo justifiques.

No es mala suerte.
No es el mercado.
Y no es que “en este sector siempre sea así”.

Es que desde fuera tu despacho no da motivos claros para elegirte.

Y cuando aceptas a cualquiera:

  • El margen se aprieta porque el cliente sólo ve tu diferencia en el precio.
  • El tiempo se evapora porque los clientes que pagan poco siempre piden mucho.
  • El socio acaba atrapado en la operativa, justificándose y apagando fuegos.


Mientras tu despacho se muestre como uno más,
el mercado te traerá clientes como los demás.

Y eso no se arregla trabajando más.
Se arregla dejando de aceptar sin criterio y revisando qué clientes,
qué servicios y en qué condiciones te compensa trabajar.

Antes de atraer más clientes, hay que dejar de aceptar a cualquiera

Ahí es donde el margen se aprieta y el tiempo empieza a evaporarse

Cuando un despacho lleva tiempo trabajando así, el problema ya no es la visibilidad.

El problema es que ha ido haciendo cosas sueltas (web, redes, blog, publicidad…) sin haber definido antes qué despacho quieres ser y a qué clientes deberías decir que no.

Por eso nada termina de funcionar del todo. No porque esté mal hecho, sino porque no está alineado con una decisión clara de fondo. En este sector, ejecutar sin haber decidido primero no es estrategia: es una fuga silenciosa de rentabilidad.

Por eso el patrón se repite:

  • Rehaces la web → sigue entrando cualquiera.
  • Publicas algo en LinkedIn → no llega nadie interesante.
  • Inviertes más dinero → baja aún más la calidad.
  • Cambias de agencia → aumenta la frustración.


El problema no está en lo que se hace. Es que cada semana sigues resolviendo urgencias
que nunca deberían haber sido aceptadas. Hasta que eso no cambie, hacer más sólo acelera una pérdida que ya está en marcha.

Si la primera pregunta que te hacen es cuánto cobras, ya estás perdiendo dinero.

Porque cuando tienes que justificar el precio, el margen ya está perdido.

¿Qué es Desconecta el modo clon?

Un trabajo con principio y fin para cerrar fugas de rentabilidad

Desconecta el modo clon es un trabajo puntual para corregir decisiones comerciales de tu despacho que hoy ya se están pagando en situaciones que hoy no se sostienen.

No va de “más visibilidad” ni de “captar leads”.
Va de poner límites claros antes de seguir aceptando clientes, con servicios y precios que ya no te compensan.

Durante este trabajo revisaré, poniendo el foco en tu negocio:

El objetivo es corregir lo que hoy está mal planteado y ya tiene un coste real en tu despacho.

Este trabajo sirve para cerrar esas fugas antes de seguir adelante, y dejar el despacho en una posición donde el cliente tiene motivos de peso para elegirte más allá del precio. En muchos casos, esto implica diseñar un servicio claro y rentable que ordena el resto de la oferta.

Tiene principio y fin claros, y deja sentadas las bases para que cualquier acción posterior (web, comunicación, nuevos servicios, etc.) no vuelva a abrir los mismos agujeros.

Porque si antes no se corrige esto, cualquier acción posterior sólo acelera el desgaste.

No todos los despachos deberían hacer este trabajo

Tiene sentido cuando seguir igual empieza a salir caro

Este servicio es para ti si...

Este servicio no es para ti si…

Esto tiene sentido cuando el despacho funciona,
pero seguir igual empieza a tener un coste que ya no compensa.
Prefieres revisar cómo estás jugando esa partida antes de acumular más desgaste.

Así trabajamos para que
dejes de perder dinero

Sin procesos eternos ni decisiones a ciegas

Aquí no hay metodologías estándar ni programas cerrados.
Y no se empieza ejecutando nada sin haber decidido primero.

El trabajo empieza con una primera sesión por videollamada, donde revisamos juntos cómo está funcionando hoy tu despacho en lo que más impacto económico tiene: qué servicios ofreces, a qué clientes aceptas y cómo se están defendiendo los precios.

A partir de ahí:

No se proponen acciones por defecto, ni se hace nada “porque toca”.

Trabajamos sobre un problema concreto, hasta que queda resuelto.
Y ahí termina ese proyecto.

Si durante ese trabajo detectamos otro punto que tiene sentido corregir, se plantea como un proyecto distinto, con su objetivo claro y su impacto económico esperado.
Cada proyecto existe para corregir algo que hoy no compensa.

¿Qué deja de pasar en tu despacho cuando esto está bien planteado?

Se corrigen inercias que hoy te están costando dinero

Después de este trabajo, habrás tomado decisiones concretas para frenar situaciones que hoy te están costando dinero, aunque se hayan normalizado.

En concreto, se trabajarán estos seis focos:

Tener que aceptar cualquier tipo de cliente

Queda claro qué perfiles encajan con tu forma de trabajar y cuáles no, para que no entren clientes que aprietan precio, piden más de lo que pagan y condicionan todo el despacho.

Vender siempre horas y cumplimiento

Se diseña un servicio claro, rentable y repetible, que te permita dejar de vender tiempo suelto y empezar a ofrecer algo que se pueda explicar, cobrar y repetir sin improvisar cada presupuesto.

Que el precio sea siempre el primer problema

Se define por qué deberían elegirte a ti y no a otro despacho, de forma que el cliente entienda el valor antes de preguntar “cuánto cobras” y la conversación no empiece cuesta abajo.

Regalar trabajo sin darte cuenta

Se detecta dónde se están colando extras, urgencias y consultas incluidas, para que dejen de comerse el tiempo y no acabes trabajando más de lo que cobras.

Tener que justificarte cada vez que presupuestas

Se ordena cómo presentar precios, servicios y límites, para que no tengas que negociar cada propuesta ni ceder por miedo a perder al cliente.

Seguir tocando cosas sin saber si compensan

Queda claro qué merece atención ahora y qué no, para dejar de probar acciones “por si acaso” y centrarte solo en lo que tiene impacto económico real.

A partir de ahí, el día a día cambia en cosas muy concretas:

No porque “hayas cambiado tu mentalidad”, sino porque has puesto orden donde antes había inercia.

¿Qué inversión económica requiere ordenar el despacho?

Cuánto cuesta corregir lo que hoy no compensa

Esto no es un servicio estándar ni una tarifa cerrada.
La inversión depende de qué problemas de fondo haya que corregir y de su impacto real en el despacho.

El alcance exacto se define después de revisar el caso, cuando está claro dónde se está perdiendo dinero y qué merece corregirse primero.

Seguir como hasta ahora también es una decisión.

Preguntas habituales antes de tomar la decisión

Respuestas claras y concretas

¿Cuánto tiempo lleva y qué dedicación requiere por mi parte?

Es un trabajo puntual, no un proceso largo.

La dedicación se concentra en las sesiones necesarias para revisar el caso y tomar decisiones claras.
No hay acompañamientos eternos ni reuniones sin objetivo.

La implicación es directa, pero acotada.
Y cuanto más clara sea la situación, menos tiempo requiere.

No.

Se revisa qué merece la pena mantener tal y como está, qué conviene ajustar y qué no tiene sentido seguir ofreciendo en las mismas condiciones.

No se trata de romper lo que funciona, sino de dejar de sostener lo que no compensa.

No hay conflicto.

Este trabajo va antes: ordena el criterio con el que decides qué tiene sentido comunicar, vender o activar.

Si después encaja trabajar con terceros, se hace con un marco claro.

Si no, se evita invertir más dinero en acciones que no van a cambiar el resultado

Sólo se plantea si tiene sentido.

Si durante la intervención aparece otro problema que conviene corregir, se valora como un proyecto distinto, con su alcance y su impacto económico claro.

Y si no tiene sentido seguir, se para.

Porque este trabajo sólo tiene sentido si el coste del problema es mayor que el coste de corregirlo.

Antes de plantear cualquier intervención, se identifica qué situaciones concretas están teniendo impacto económico real en el despacho: tiempo no facturado, servicios mal planteados, precios que no se sostienen o clientes que no compensan.

Si no se puede justificar la intervención en esos términos, no se plantea.

Aquí no se paga por “ver qué sale”, sino por corregir algo que ya está costando dinero.

Porque no se paga por horas ni por tareas.

Se paga por detectar y corregir situaciones que están teniendo un coste real en el despacho y que, si no se revisan, se repiten mes tras mes.

Cuando se corrige una de esas decisiones, el retorno no suele tardar en aparecer

Si no haces nada, esto no se corrige solo

Porque el coste de no revisarlo ya lo estás pagando

Si has llegado hasta aquí, ya sabes dónde se están yendo el tiempo y el margen del despacho.

La única diferencia es si decides revisarlo ahora o seguir pagando ese coste cada mes.

Aquí no hay una tercera opción.

Trabajo con pocos despachos a la vez y sólo si tiene sentido.